Un viaje por la montaña: 25 años con Gorillaz
- A. Carolina Vargas

- 6 mar
- 11 Min. de lectura
El pasado 27 de febrero, la destacada banda virtual Gorillaz sacó su noveno álbum de estudio: The Mountain. A través de 15 canciones, la agrupación liderada por Damon Albarn (músico) y Jamie Hewlett (ilustrador) colabora con diversos artistas de todo el mundo a través de una temática musical inspirada en India. La identidad sonora y visual de la obra hace un tributo completo a la cultura del país asiático: desde la portada hasta videos musicales que referencian escenas del clásico de Disney "El libro de la selva" o a pequeños detalles como el estilo de vestir. Pese al sello distinto de esta nueva producción, se evidencia que la agrupación sigue conservando sus sonidos experimentales distintivos, así como las letras emocionales e introspectivas o absurdas y juguetonas.

La portada es un pico rocoso y puntiagudo en un cielo lleno de nubes pintado suavemente con la luz del sol. Noodle, Russel, 2D y Murdoc aparecen de espaldas mirando el horizonte. Arriba de ellos, se levantan unos caracteres escritos en Devanagari -el sistema de escritura alfasibálica bráhmica utilizado por varios idiomas de India y Nepal-. Se lee como “parvata” y significa montaña.
Aunque a inicios de septiembre de 2025 ya se había dado un “vistazo” al álbum en la exposición House of Kong (en Londres), el mundo aún no conocía su nombre. Fue hasta el 11 del mismo mes que la agrupación divulgó el título, para posteriormente anunciar una gira mundial. Eso incluyó una buena noticia para los colombianos, ya que el 17 de noviembre de 2026 volveremos a recibir a Gorillaz, esta vez en el Coliseo MedPlus.
La propuesta
Muchos podrán creer que es la primera vez que un cuarteto británico hace música basada en los ritmos de India, usando sutilmente instrumentos como el sitar. Suena innovador, ¿no? Pero resulta que, como con tantas cosas en la industria musical, The Beatles ya lo había hecho. Norwegian Wood (1965), Love to you (1966), Within You Without You (1967) se produjeron tras un viaje de ocio que hizo que George Harrison se fascinara por esa zona del mundo. The Mountain también nace por un viaje, pero no por diversión sino con el fin de reflexionar sobre el fallecimiento de los padres de los líderes de la agrupación y las ganas de vivir la pérdida desde otra cultura, bajo otro significado.
Por otro lado, en la década de 2010s muchas canciones pop mainstream evocaban sonidos del país asiático y fueron un hit -como Lean On (Major Lazer, DJ Snake y MO) o Come and get it (Selena Gómez)-. Ante esa tendencia de traer ritmos de culturas foráneas, surge el dilema entre apropiación y apreciación, separadas por una delgada línea. Desde mi perspectiva, hay que hacer un ejercicio consciente y con propósito para representar correctamente esos componentes que se traen a colación. ¿Gorillaz lo hizo? A mi parecer, sí: no se limitaron a observar desde “afuera” y desde la admiración, sino vinculando a talentos autóctonos que conozcan los ritmos para adaptarlos exitosamente con la esencia “gorillezca”.
Estos son tan solo algunos ejemplos de los artistas indios que hicieron parte de The Mountain: Ajay Prasanna es un flautista que interpreta el bansuri en 7 canciones del álbum, quien también acompañó a la banda en el show de House of Kong de 2025 y lleva activo desde 1987. Por otro lado, Anoushka Shankar, música británico-india, colaboró para la primera canción del álbum; es hija de un intérprete de sitar, el instrumento estrella de la música india y creció entre Londres y Nueva Delhi. Damon Albarn comentó que creció escuchando a Ravi Shankar y a The Beatles porque a su padre le gustaba; hoy la hija del artista y el hijo del fan colaboran. Además, en The Moon Cave intervino Asha Puthli -cantante y compositora india de renombre-, conocida por promover un estilo musical cosmopolita y global tras mudarse a New York en los 60. En The Shadowy Light, participó la cantante india de 92 años Aasha Bhosle, reconocida por ser la voz de muchos playbacks de las películas de Bollywood.
Sin embargo, como mencioné, The Mountain no surgió de la nada. A mediados del verano del 2024, Albarn y Hewlett perdieron a sus padres con pocos días de diferencia. Esto los marcó fuertemente y por ello su proyecto más reciente está tan ligado con componentes espirituales, la celebración de la vida y el manejo del duelo -no solo en términos de luto, sino “dejar ir” en general-. Considerando este difícil suceso, cobra sentido que artistas fallecidos hayan sido anexados a los créditos, lo que le otorga mayor simbolismo. Entre grabaciones de estudio descartadas, material de archivo, demos y versiones alternativas, Gorillaz mezcla el plano físico con el mundo trascendental -como el rapero Proof, el ícono del soul Bobby Womack, el excantante de The Fall Mart E. Smith o el actor Dennis Hopper-. Dentro de la narrativa del universo de esta banda, es coherente, pues en la primera etapa Russel (el personaje baterista) podía ser poseído por espíritus de sus amigos raperos y posteriormente sentir “energías”.
¿Y sobre la montaña? La religión predominante en India es el hinduismo y, desde esa cosmovisión, son consideradas como entidades divinas, moradas de dioses y el punto de unión entre el cielo y la tierra. En 2009, García escribió Dioses-montaña en las tradiciones india y anatolia; en el trabajo, se menciona que en la cosmogonía de esa parte del mundo estos accidentes geográficos se entienden como centro (como el Monte Sumeru, importante para budistas e hindúes), principio vital y de fertilidad y escenario principal de mitos. En el monte Kailash, según la tradición hinduista, reside el dios Shiva -símbolo cósmico-. A lo largo de la producción musical, la gran constante es la montaña, bien sea como metáfora de la vida (The Manifesto), hogar de un personaje (The Plastic Gurú), un llamado (The Mountain) o el escenario del dolor (The Sad God).
En India no solo hay hindúes, sino también budistas, jainistas y sijs -todas son religiones dhármicas. Las montañas son parte de su historia, de su gente y, por tanto, representaciones de cultura. Muchos grupos emprenden viajes de senderismo hasta lugares altos y aislados para meditar y purificarse, otros van para desafiarse y reconocer su propia pequeñez y otros lo ven como una metáfora espiritual (subir y trascender). En las culturas asiáticas existe la noción del estado de Nirvana, asociado con la suprema liberación y felicidad. ¿Será que subir una montaña, metafórica o literalmente, nos ayuda a alcanzar ese estado? Infiero que Gorillaz quiere hacer una pequeña referencia cultural a nivel sonoro y de significados a través del álbum. La excusa es el diálogo en torno a la muerte, el escenario es India y el concepto es la constante dicotomía de lo humano y lo divino.
El Viaje
Para acercarme con mayor criterio al lanzamiento, lo escuché 2 veces completo en orden y luego repetí las canciones que se me quedaron pegadas. La primera vez usé el altavoz, mientras iba anotando las sensaciones que me causaba y las escenas que imaginaba en mi cabeza a medida que se reproducía cada composición. En la segunda ocasión -ya de noche-, me puse los audífonos y vi los videos musicales disponibles en YouTube. Decidí dividir esta review en una obra de 3 actos, basados en mi percepción: El ascenso, hacia el mundo intangible y una reinterpretación de los inicios.
Primer acto: el ascenso
The Mountain ft. Dennis Hopper, Ajay Prasanna, Anoushka Shankar, Amaan Ali Bangash, Ayaan Ali Bangash. Abrimos con la canción homónima del álbum. Alegre y serena a la vez. Se escucha una flauta bansuri y un suave sitar. Es esa introducción que te anticipa lo que se aproxima. Es el prólogo de un viaje por la montaña.
The Moon Cave ft. Asha Puthli, Bobby Womack, Dave Jolicouer, Jalen Ngonda, Black Thought. Los ambientes de fuente del inicio y la transición instrumental suenan como un cuento de hadas, celestial e impactante. Me hace pensar en una escena introductoria a una película de fantasía sobre castillos y princesas en una era medieval. Todo es místico, hasta que en el segundo 55 todo cambia de repente y se torna electrónico con sutiles leitmotivs que gritan “esto es India”. Hacia la mitad de la canción el rap llega a romperlo todo, para volverle a dar paso a instrumentos de cuerda y aire que refuerzan el misticismo. Todo acaba con risas, que demuestran la tendencia actual de muchos artistas por parecer “orgánicos” y espontáneos.

Segundo acto: hacia el mundo intangible
The Happy Dictator ft. Sparks. Se siente nostálgico y retro con esos sintetizadores tras el repetitivo “what a happy land we live in” camuflado entre risas. La letra parece una crítica social y un tanto absurda a la vez, sobre todo porque conforme avanza el tiempo el beat se torna más y más psicodélico. Se va el instrumental por breves segundos y nos transportamos al mundo onírico. Se fusiona lo electrónico con lo ritual. Cuando escuché esta canción me imaginé una alfombra con patines elevándose por los cielos. Siento que Tame Impala combina con este estilo.
The Hardest Thing ft. Tony Oladipo Allen. “Oya, è dì dé, è róo òri”. Aquí la tensión espiritual y física se siente con fuerza. Como si se tratara de un eco reproduciéndose en una caja vacía, nos persigue la frase “'You know the hardest thing is to say goodbye to someone you love”. Al escuchar la frase, todo en lo que podía pensar era en una cajita de bailarina de cuerda botada en una pradera mientras amanece. Es una escena en el plano físico, pero con cada segundo era como si la cajita de la bailarina quedara a la deriva en el espacio. Los instrumentales de esta pieza se parecen al estilo del dúo francés de electrónica Justice.
Orange County ft. Bizarrap, Kara Jackson & Anoushka Shankar. La veo como una versión “animada” de The Hardest Thing. El silbido y la melodía siguen melancólicas, aunque ya no me invade la tristeza o la resignación sino la aceptación. Es una versión más estoica, de esas canciones que uno usa para sacar la cara por la ventana del carro mientras siente el pelo moviéndose y rozando la piel. Decir adiós es difícil y eso está bien. Aunque cualquiera podría pensar que la premisa se trata de dejar atrás a un viejo amor, es un guiño al duelo que enfrentan los líderes del proyecto musical ante sus recientes pérdidas. El argentino Bizarrap se sumó a la producción; refleja el sello fusión de Gorillaz.
The God of Lying ft. Idles. Mi mente automáticamente la asoció con Plastic Beach, Latin Simone en la parte del rap y Clint Eastwood por el beat. Es la canción más “urbana” y “callejera” de la obra. Una trilogía de videojuegos llamada Splatoon explora múltiples géneros musicales en sus Original Sound Tracks, hechos por bandas y artistas ficticios; una de ellas es Dedf1sh, una DJ que mezcla techno, house, synthwave y electroswing. Justamente a eso suena esta canción. Más adelante compararé más canciones de ese universo narrativo con The Mountain. Splatoon y Gorillaz convergen en lo experimental y lo disruptivo.
Tercer acto: una reinterpretación de los inicios
The Empty Dream Machine ft. Black Thought, Johnny Marr, Anoushka Shankar. Este es el estilo triste, enigmático y entrecortado de los Gorillaz de 2001 recién estrenados. A través de un instrumental único y una técnica vocal emotiva, nos llevan hacia una caminata reflexiva nocturna. Los instrumentos de cuerda y los coros y backing vocals diciendo “ohhh” te invitan a la introspección.
The Manifesto ft. Trueno, DeShaun Dupree Holton. ¿El fallecido mejor amigo de Eminem y un rapero argentino de la generación Z en una canción? No sé quién pidió esta señal al universo, pero aquí está. Durante 7 minutos y 20 segundos, variantes del jazz y el rap bailan hasta convertirse en uno solo. Parece un collage o unos fragmentos yuxtapuestos, pero en el minuto 5 con 40 segundos colisionan los planetas. La letra bilingüe nos invita a tomar las riendas de nuestra vida y sentir. Sentir el viento, las flores, la vida. Ese es el acto más revolucionario en la actualidad, plagada de tecnología. Se repite la protagonista de la producción: “me encanta subir la montaña”. Esta colaboración me recuerda a Spicy Calamari Inkantation (soundtrack de la batalla final del modo historia de Splatoon 2) por su fusión y su energía upbeat despreocupada.
The Plastic Gurú ft. Johnny Marr, Anoushka Shankar. Una pieza que trasmite vibras del epílogo de un libro o de la secuencia de créditos de una película. El gurú de plástico vive en una montaña. “We believe what we choose”, Gorillaz siendo tan político como siempre. Definitivamente es el tipo de canción que escucharía un protagonista mientras maneja varios kilómetros por carretera y tiene una crisis existencial. El caos del final cambia el rumbo, sumando un ambiente de caballos o un grupo de gente corriendo al unísono.
Delirium ft. Mart E. Smith. El estilo críptico y misterioso del exvocalista del grupo de post-punk The Fall prima en la pieza. Crea una atmósfera espiritual negra a través de su típica técnica spokenword (hablar cantando). Gorillaz ya había colaborado con Smith en Glitter Freeze (Plastic Beach, 2010) cuando aún estaba vivo, por eso suenan tan parecido. Dentro del universo experimental postapocalíptico de Splatoon, este tema cabría perfectamente en la cultura octariana del grupo Turquoise October, pues suena como Cephaloparade o Shooting Starfish con esos “burps” y beats similares a los de Gorillaz.
Damascus ft. Omar Souleyman, Yasiin Bey. La introducción capta inmediatamente. En efecto estamos en Damasco. Souletman es un músico sirio que se ha destacado en su campo por fusionar la música tradicional árabe con la electrónica, lo que combina de maravilla con el estilo sonoro psicodélico del grupo. Al escucharla, me imagino entrando a un castillo o edificio importante y antiguo, decorado con telones y lleno de gente imponente disfrutando de un festín de comida.
The Shadowy Light ft. Asha Bhosle, Gruff Rhys, Ajay Prasanna, Amaan Ali Bangash, Ayaan Ali Bangash. Es un flow con vibra de reggae “asiatizado”, un estilo indio escrito e interpretado en indio. El piano suena experimental.
Casablanca ft. Paul Simonon & Johnny Marr. Un inicio intimidante. Aquí revive la atmósfera del Gorillaz oscuro de M1A1. La canción se escucha como el ambiente de una ciudad nublada pero húmeda, que tiene una esquina en algún lugar habitada por un balde bajo una gotera. Una persona vuela entre las nubes y poco a poco va haciendo brillar la ciudad. El agua sigue goteando en la esquina del balde y marca el ritmo. Esta canción suena a tranquilidad e intriga “i don't know anything that hits like this”
The Sweet Prince ft. Ajay Prasanna, Johnny Marr, Anoushka Shankar. La introducción suena como el nombre, a un príncipe dulce. Imaginen que aparece en el escenario un libro abierto que le da paso a un pañuelo vino tinto volando por ahí, anunciando el inicio de esta historia. Nos transportamos a un valle con un castillo en piedra y un fuerte en madera, mientras un joven contempla desde la muralla todo lo que se despliega ante sus ojos. El muchacho está triste pero calmado, no sabemos muy bien si está resignado o esperanzado ante una crisis que vive. Cuando avanza la canción, siento que están narrando una especie de arco de personaje. El dulce príncipe no debería estar triste porque no debería estar allí.
The Sad God ft. Black Thought, Ajay Prasanna, Johnny Marr, Anaoushka Shankar. Es la última, es la ocasión perfecta para cerrar esta aventura sonora. Me imagino caminando por un sitio apedrado rodeado por un barranco y cascadas delgadas. Llevo los bolsillos llenos, pero mis botas son pesadas. Me elevo y veo todo desde arriba con dolor. Desde el minuto 4 16 se da el cierre no solo de la canción sino del álbum. Los dioses que hemos imaginado como humanidad nos reflejan a nosotros -o nosotros a ellos-, por eso también pueden permitirse sentir.
Más allá de India y de la muerte
The Mountain -en esencia- es más conceptual que artístico. Es una clara denuncia a la locura digital en la que la sociedad actual se ve envuelta. Así se hace un concepto coherente. De lejos, no es el mejor álbum de la banda; de todos modos, suena a ellos. Es un capítulo más en su narrativa. A lo largo de la travesía por la montaña, se fusiona armoniosamente el rap, ritmos autóctonos y voces únicas a las que nos tiene acostumbrados Gorillaz. Esta nueva era genera ruido y “pega” en un panorama plagado de inteligencia artificial, invitándonos a embarcarnos en un viaje que pone en constante tensión la vulnerabilidad y creatividad humana con el plano místico y desconocido.

La crítica y la opinión pública dicen que es “el álbum que la IA no podía hacer”. Como dijo Alejandro Marín, director de La X, es irónico porque en inicio Gorillaz nació como una crítica a la industria musical y sus celebridades “prefabricadas”. Hoy en día, esa banda virtual compuesta por avatares dibujados por Hewlett y pensados por Albarn se levanta para retornar a lo netamente orgánico y retomar dimensiones que nos hacen ser humanos: las dudas por la muerte, el duelo, los sueños, el optimismo, la melancolía, la creatividad. Se ve particularmente en un verso que dijo Trueno en The Manifesto “Sentir el viento en la cara mientras el mundo se engaña con pantallas”.
El noveno álbum de Gorillaz refleja la relación que tenemos los humanos con lo intangible desde lo cotidiano. Nos recuerda que hay una falsa dicotomía entre lo orgánico y lo sintético: en realidad se pueden conjugar sin perder la magia. No sé si era la intención de Albarn y Hewlett, pero este conjunto de canciones se siente como una travesía espiritual intercultural capaz de interpretarse de mil maneras. La montaña es un escenario, pero también el concepto y la gran metáfora de la confrontación y, de nuevo, la revelación de lo mundano con lo divino.




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