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17 años, 11 meses y 29 días de espera

My Chemical Romance en el Vive Claro de Bogotá el 10 de febrero de 2026. Tomado por Val Hernández.
My Chemical Romance en el Vive Claro de Bogotá el 10 de febrero de 2026. Tomado por Val Hernández.

Un lunes a las 8:00 de la mañana, una semana antes del concierto, la bandeja de entrada de Frontlight Magazine seguía vacía. Las acreditaciones de prensa no siempre llegan cuando estás construyendo algo desde cero, y mucho menos en un entorno donde las oportunidades suelen quedarse entre los mismos nombres de siempre. En una industria que mide la legitimidad en números (seguidores, vistas o métricas) más que en criterio o trabajo, crecer sin acceso puede sentirse como intentar jalar una puerta que en realidad hay que empujar. Sabes que puedes entrar, pero no siempre te dejan… y tampoco te dicen cómo.


Esta vez no hubo acreditación de prensa, pero hubo algo igual de valioso, quizá incluso más grande. Un miembro del equipo de OCESA entendió lo que estamos intentando construir y decidió regalarnos dos entradas. No hubo promesas ni condiciones; solo la oportunidad de vivir el concierto y contarlo desde nuestra perspectiva. Sin saberlo, esas entradas eran para el Box Claro, e incluían acceso VIP y experiencias a las que, de otra forma, probablemente no habríamos llegado.


Lunes, 5:26 p. m. Llegamos a Vive Claro, un estadio al aire libre en Bogotá, inaugurado en 2025 y con capacidad para 40.000 personas. Estaba lloviendo, así que nos quedamos unos minutos dentro del carro. La adrenalina ya estaba corriendo. Vimos fans vestidos de negro y rojo. Algunos outfits nos sorprendieron, bastante reveladores para el clima. Maquillajes extravagantes, joyería llamativa y una energía intensamente adolescente dominaban el ambiente… dentro de una multitud que, en su mayoría — casi un 80% —, tenía más de 30 años. ¿A qué íbamos? Después de 18 años de espera, My Chemical Romance finalmente se presentaría en Colombia. Y definitivamente no nos lo íbamos a perder.


El 9% de los asistentes eran internacionales; el 37%, turistas nacionales. Y 2 éramos fotógrafos y periodistas musicales con un sueño cumplido —y otro, fotografiarlos, frustrado—. 20 minutos después, entramos al Box, una zona de sillas reservadas. Una de las anfitrionas lo dejó muy claro apenas llegamos: “Siéntanse importantes, porque lo son”. Aunque es evidente que en estas zonas el público suele tener mayor capacidad económica, pagar $12.000 COP por una botella de agua parecía excesivo —después supimos que a otros les estaban cobrando $15.000 COP, eso no puede pasar—. Las palomitas fueron otra historia: $20.000 COP por una bolsa gigante, sorprendentemente razonable y, además, deliciosas. Nos las terminamos antes de que saliera la banda. 10/10 recomendadas.


Pero primero, más música de Los Hives.


A las 7:30 p. m., puntuales, vimos desde nuestros asientos a figuras vestidas de traje que parecían brillar salir de un carro: The Hives. Chris Dangerous apareció con una máscara de oxígeno, sin dejar de golpear la batería a toda velocidad. Howlin’ Pelle Almqvist, líder y vocalista de la banda sueca, habló casi todo el set en español. Dijo que Colombia es uno de los mejores países para sus conciertos, le dijeron “papasito” (y lo subieron a Instagram), y nos hizo reír cada vez que cerraba una interacción con su frase icónica:


“Pero primero, más música de Los Hives”.

El público estaba fascinado. En redes sociales no han dejado de pedir que regresen con un show en solitario. “¡Ruido! No hay silencio en un concierto de Los Hives”, escribió un usuario. Cerraron sus 45 minutos con "The Hives Forever, Forever The Hives", el track principal de su álbum más reciente, y una vez más vimos esas siluetas iluminadas desaparecer tras bambalinas hacia los camerinos.


Pasaron los minutos y, de repente, 2026 empezó a sentirse como 2008. Durante la novena etapa del tour original de The Black Parade, My Chemical Romance tenía una fecha programada en Bogotá para el 12 de febrero de 2008, pero fue cancelada y nunca se explicó la razón. Para muchos fans, esa herida quedó abierta. Por eso, cuando el concierto actual fue reprogramado por temas logísticos, los killjoys entraron en pánico. Pero esta vez sí pasó. Casi 18 años después —el 10 de febrero de 2026— Gerard Way, Ray Toro, Frank Iero y Mikey Way finalmente subieron al escenario, abriendo las puertas a DRAAG: la dictadura distópica que enmarcaría toda la narrativa del show.


En esta nueva narrativa, el país ficticio está gobernado por The Grand Immortal Dictator; está escrito en Keposhka —un idioma creado por Gerard Way junto a Nate Piekos para esta gira— y la banda aparece como prisionera del régimen, obligada a interpretar su propia música como propaganda oficial. "The End." sonaba mientras la gente gritaba, lloraba y, de alguna forma, sanaba a su niño interior. Un par de canciones después, siguiendo el orden del álbum, llegó esa nota que marcó a toda una generación: G4.


"Welcome to the Black Parade" nos mostró a Gerard en un podio, como si estuviera dando un discurso político, y cantó esa línea que aún nos rompe 20 años después:


“He said ‘son, when you grow up, will you be the savior of the broken, the beaten and the damned?’”

Es difícil seguir escribiendo después de eso. Aún se me cierra la garganta cuando pienso en mi adolescencia, cuando la salud mental apenas se hablaba y, como resultado, aprendimos a guardarlo todo. Yo no entendía el rock; lo veía como gritos sin sentido. Hasta que una amiga me mostró esta canción y, de repente, la niña que cantaba Disney y vestía de amarillo empezó a sentir.


La psicóloga Evelyn Villanueva  habló de esto en sus redes sociales: My Chemical Romance lanzó un álbum desgarrador en una época en la que “expresar dolor se veía como exageración o debilidad”. Varios asistentes dicen que esta banda —incluso este álbum en específico— les salvó la vida. Otros, ahora con mayor dominio del inglés y entendiendo las letras más profundamente, se preguntan cómo sobrevivieron escuchando algo tan crudo a tan corta edad. Para muchos, como dice Villanueva, la música fue el primer espacio donde se sintieron entendidos sin tener que explicarse. En psicología hay conceptos que respaldan esto: lo que no se expresa no desaparece; se transforma en represión, en somatización, en conductas que repiten heridas. Y esa última idea se volvió incómodamente visible.


My Chemical Romance en el Vive Claro de Bogotá el 10 de febrero de 2026. Tomado por Val Hernández.
My Chemical Romance en el Vive Claro de Bogotá el 10 de febrero de 2026. Tomado por Val Hernández.

Durante "I Don’t Love You", y en varias otras canciones, una pareja de figuras públicas discutió frente a nosotros en el Box. Era imposible no notarlo: estaban justo en el centro de la zona. Mientras el estadio cantaba sobre una ruptura, alguien decidió grabarlos y subir el momento a redes sociales. En cuestión de minutos, los usuarios identificaron a la mujer y comenzaron a burlarse de ella. ¿Por qué sentimos la necesidad de grabar a alguien en uno de sus momentos más vulnerables? Ser figuras públicas no convierte su dolor en contenido. No todo lo que pasa frente a nosotros necesita volverse viral.


Sí, yo también miré. Estaban justo enfrente. Era imposible no notar la discusión. Soy humana. Pero mirar no hace daño. No los grabé, no compartí el video, no alimenté la burla. Y creo que ahí está la diferencia. Es paradójico que en un concierto que ha significado refugio emocional para tantos, alguien decidiera convertir la vulnerabilidad de otra persona en entretenimiento. ¿Fuimos al mismo show? Porque si hay algo que My Chemical Romance ha defendido por más de dos décadas, es precisamente lo contrario: la dignidad del dolor, la validación de lo que duele.


Quizá por eso tantas bandas, incluyendo MCR, desconfían de la prensa y son reticentes con las cámaras. Cuando todo se reduce a vistas y likes, la empatía empieza a parecer opcional. No conocemos su historia ni pretendemos juzgarla. Tal vez pudieron ir al lobby. Tal vez no. Pero honestamente, no era nuestro asunto. Una canción como "I Don’t Love You" no crea conflictos; pero puede tocar el nervio que ya estaba sensible. A veces la intensidad emocional necesita un objeto. Si no se procesa como “esta canción movió algo en mí”, termina convirtiéndose en “tú hiciste algo”. Como afirma la psicóloga Evelyn Villanueva, cuando una emoción encuentra palabras, deja de ser una amenaza y comienza a convertirse en una experiencia integrada. Esto es lo que significa la música y esto es lo que estamos haciendo como sociedad con la vulnerabilidad.


El concierto siguió como si nada hubiera pasado. Seguimos saltando hasta que, como muchos a nuestro alrededor, nos dimos cuenta de que ya no estamos hechos para esto… hasta que empezó "Teenagers" y saltamos como si la tendinitis fuera mental. En el frío helado de la Bogotá post-lluvia, la pirotecnia y las llamas del escenario nos dieron algo de calor para seguir.


10:17 p. m. El momento más gore del show. Blood sonaba mientras Way sacaba las entrañas del Clerk. Me volteé a ver a mi amiga y, en segundos, una explosión. Uno de los peores sustos de mi vida fue esa pirotecnia; no estaba preparada en absoluto. Y así terminó The Black Parade. La banda se liberó del régimen fascista de DRAAG, reapareció con camisetas negras y, finalmente, Gerard nos saludó.


“Hola, Colombia. Are you ready?”, dijo Gerard Way antes de dar paso a Give ’Em Hell, Kid. También se disculpó por la cancelación de hace 18 años.

Fuimos uno de los pocos conciertos de esta etapa de la gira que recibió varias canciones diferentes en el B-Stage: "You Know What They Do to Guys Like Us in Prison", "It’s Not a Fashion Statement, It’s a Fucking Deathwish", "Bury Me in Black" y otras que, como dijeron varios killjoys en redes, los dejaron listos para morir en paz. Algunos extrañaron clásicos como "Summertime", "Cemetery Drive" o canciones de I Brought You My Bullets, You Brought Me Your Love (2002), pero aun así muchos coincidieron en que fue el mejor setlist de la etapa latinoamericana.


“¿Cómo me despierto mañana sabiendo que el concierto ya se acabó?”, escribió un usuario.

"Helena" cerró la noche a las 11:07 p. m. Aunque nos quedamos esperando más, cuando Gerard Way dice “so long and goodnight”, lo dice en serio. Ahora, antes de hablar de la salida, demos su momento a quienes suelen quedarse fuera del foco. Charlotte Kelso, la soprano australiana que interpretó a Marianne, deslumbró en cada intervención. Lideró Over Fields, el “himno nacional” de DRAAG, y dejó el estadio en silencio con su parte en "Mama". El actor que interpretó al Clerk —cuyo nombre no conocemos— hizo que el universo distópico se sintiera real e inquietante. La banda de apoyo, con una violinista impecable. Los diseñadores. Los ingenieros de sonido —que, por primera vez en mucho tiempo, lograron un sonido moderadamente aceptable en un concierto de esta magnitud en Bogotá… aunque algunos asistentes en pista reportaron dificultades—. Ingenieros, técnicos y staff. El nivel de producción fue extremadamente alto.


Nuestras críticas son pocas, pero no menores. Primero, el área destinada para personas con movilidad reducida no parecía la más adecuada desde nuestra perspectiva. No hemos visto quejas públicas de quienes la usaron, así que reconocemos que podríamos estar opinando sin toda la información, pero vale la pena revisarlo.


En términos de accesibilidad, habría sido valioso incluir subtítulos en las pantallas — y, de paso, pantallas más grandes —. Esto no solo apoyaría a personas con discapacidad auditiva — no vimos intérprete de lengua de señas —, sino también a quienes no dominan el inglés. No saberse todas las letras no te hace menos fan. Yo misma canté varias en un inglés de procedencia dudosa. Algunos asistentes en la sección preferencial también señalaron que la carpa de sonido ocupaba demasiado espacio y generaba obstrucciones visuales desde ciertos ángulos.

My Chemical Romance en el Vive Claro de Bogotá el 10 de febrero de 2026. Tomado por Val Hernández.
My Chemical Romance en el Vive Claro de Bogotá el 10 de febrero de 2026. Tomado por Val Hernández.

Y, finalmente, la salida. Vive Claro informó que implementaría protocolos pensados tanto para asistentes como para vecinos. Sin embargo, la experiencia no se sintió organizada. Solo una de las múltiples salidas del recinto estuvo habilitada para más de 30.000 personas. Para llegar al parqueadero era necesario rodear prácticamente todo el lugar —estimamos unos 2,5 kilómetros—, incluso para quienes estaban en zonas VIP. Varias vías estaban cerradas y las plataformas de tráfico no lo reflejaban, lo que generó desorientación y congestión. Asistentes que usaron transporte público reportaron servicio insuficiente de TransMilenio; algunos caminaron más de 45 minutos. Otros afirmaron que, en ciertos puntos, se priorizó el flujo vehicular sobre el peatonal, creando situaciones de riesgo. Los vendedores informales estaban organizados y ofrecían productos de calidad —bebidas, comida y recuerdos—, pero la acumulación de puestos también contribuyó a la congestión. Esto no es una crítica hacia ellos; es una observación sobre la logística general.


Sí, fuimos invitados por OCESA, los operadores oficiales del recinto, pero eso no significa que debamos omitir áreas de mejora. Es uno de los promotores más importantes de Latinoamérica y, precisamente por eso, vale la pena señalar oportunidades para fortalecer la experiencia. Si Vive Claro busca consolidar a Colombia como un mercado imperdible en la industria global del entretenimiento, la conversación también debe incluir accesibilidad, movilidad y protocolos de salida eficientes. Porque el show fue memorable. Y la experiencia completa debería estar a la altura.


Y como si la noche no hubiera sido lo suficientemente intensa, el epílogo llegó al día siguiente. Las pocas fotos y videos que logramos grabar con el celular —que, por cierto, salieron sorprendentemente bien— nunca se descargaron. No los perdimos en el concierto. Los perdimos cuando nos robaron el celular antes de poder hacer backup. No vamos a recuperar el teléfono. Lo sabemos. Pero ladrón, si por alguna razón estás leyendo esto, al menos mándanos las fotos y los videos, porque ahora, como dijo Gerard Way en "Prison":


“Your life will never be the same on your mother’s eyes”

Y la nuestra tampoco volvió a ser la misma después de este concierto.

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