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La inclusión según los Grammy: separados para ser incluidos

10 jul
4 min de lectura

Para la 69.ª edición de los Premios Grammy, que se celebrará en 2027, la Academia de la Grabación anunció la incorporación de cinco nuevas categorías, entre ellas Mejor Interpretación de Música Pop Asiática y Mejor Canción Latina. Aunque la institución presentó estos cambios como un avance hacia una mayor representación de la diversidad musical, también trajo de vuelta un antiguo debate: ¿se trata de una verdadera inclusión o de una nueva forma de separar a los artistas por su origen cultural? En lugar de competir en igualdad de condiciones por los galardones más prestigiosos, estas categorías hacen entender que la música latina y asiática debe ser reconocida en espacios separados. Si artistas como Bad Bunny, BTS o Karol G ya ocupan los primeros lugares de las listas mundiales y llenan estadios en todo el planeta, ¿por qué necesitan una categoría exclusiva para ser reconocidos?


Desde mi perspectiva, la verdadera inclusión no consiste en abrir nuevas categorías para artistas latinos o asiáticos, sino en asegurar que compitan y sean reconocidos por el mismo mérito que cualquier otro músico. De no ser así, parece como si su nacionalidad, su cultura o el idioma de su música fueran más relevantes que el valor de su trabajo artístico. Se puede hablar de verdadera inclusión cuando Bad Bunny ganó el Álbum del Año en la edición de 2026 con DTMF, un disco completamente en español —algo que antes parecía lejano, pues para eso ya estaban los Grammy Latinos, y competir con los artistas de habla inglesa no parecía una posibilidad real—. O cuando "Golden", una de las canciones del soundtrack de la película K-pop Demon Hunters, obtuvo el premio a Mejor Canción Escrita para Medios Visuales sin estar completamente en inglés, ese mismo año. Ese es el estándar al que la Academia debería seguir apostándole. Pero, curiosamente, después de que estos artistas se llevaran los premios, decidió agregar dos categorías que los apartan de los demás, lo cual no es una acción neutral. Funciona más como una excusa para poder decir «ya los estamos reconociendo» sin tener que enfrentar el hecho de que un artista que cante en español o en coreano puede ganarle a sus favoritos angloparlantes en las categorías más importantes.


Esta situación, quieran o no, empuja a los artistas a adaptarse a la Academia y no al revés. Por ejemplo, en su más reciente álbum, Arirang, BTS enfrentó esta tensión: Suga y RM, dos de los raperos y compositores del grupo, defendieron que el disco tuviera más letras en coreano, mientras que Nicole Kim, vicepresidenta de HYBE (antes Big Hit Music), planteó la necesidad de pensar también en el mercado global —es decir, en inglés. Irónicamente, ese mismo álbum incluye "Aliens", una canción donde el grupo se reivindica como «alienígena» en una industria que los sigue viendo como extraños. RM ya había usado esa misma palabra en 2020, en una entrevista con Reuters sobre la posibilidad de ganar un Grammy:


Como somos ajenos [aliens] a la industria musical en Estados Unidos, no sabemos si hay un lugar para nosotros o no

Aun así, esta no es la única vez que la Academia ha enfrentado cuestionamientos por la forma en que reconoce a artistas pertenecientes a minorías raciales o culturales. En 2020, Tyler the Creator, ganó su primer Grammy por IGOR en la categoría Mejor Álbum de Rap, y, tras ser cuestionado sobre el proceso de votación de los premios, dijo: «Es una lástima que cada vez que nosotros —y me refiero a los que se parecen a mí— hacemos algo que rompe con los géneros o que es diferente, siempre lo clasifiquen como rap o música urbana. No me gusta la palabra "urbana"; para mí es solo una forma políticamente correcta de decir la palabra con N». Otro de los casos más populares es el de Beyoncé, quien perdió el Álbum del Año en 2015 y en 2023, hasta que en 2025 finalmente lo obtuvo, convirtiéndose en apenas la cuarta mujer negra en lograrlo, después de Lauryn Hill, Whitney Houston y Natalie Cole. Durante su discurso, remarcó que el género musical funciona muchas veces como una forma disimulada de mantener a ciertos artistas en su lugar.


Ante estos señalamientos, y tras el anuncio oficial de las nuevas categorías, el director ejecutivo de los Grammy, Harvey Mason Jr., habló al respecto en una entrevista exclusiva con Grammy.com: «Estos cambios y ampliaciones brindan a aún más personas un espacio para que su música sea respetada, escuchada y evaluada. Con más categorías, podemos representar a más creadores, artistas, compositores y productores musicales, y nos brinda una gran oportunidad para ser más inclusivos». La Academia de la Grabación sostiene también, en su declaración institucional de valores, que «está comprometida con la diversidad, la equidad y la inclusión,» valores fundamentales que integra en todos los ámbitos de su organización. Como entidad dedicada a impulsar el desarrollo de la música y sus creadores, también afirman que asumen una responsabilidad de «promover un cambio real y significativo para garantizar una cultura de inclusión, pertenencia y respeto para todos». No obstante, la representación dentro de la industria debería medirse por la posibilidad de recibir el mismo reconocimiento y competir con otros artistas, sin que el idioma o el origen definan el espacio al que pertenecen; porque, al final, todos hacen parte de lo mismo: crear música.


Pero si su intención fuera realmente la inclusión, ¿por qué aparecen nuevas categorías después de que el artista no angloparlante demuestra su impacto y calidad musical? Mejor Canción Latina surgió después de que Bad Bunny hiciera historia en la más reciente edición de los premios, y Mejor Interpretación de Música Pop Asiática, justo cuando BTS regresaba con un álbum que rompió récords desde el primer día, junto con una gira mundial. Ninguna de las dos categorías se creó porque hiciera falta darles visibilidad; se crearon cuando ya era innegable que su impacto y su nivel les permitían competir con los de siempre. Es una forma de pretender reconocimiento manteniendo a los artistas dentro de un límite que la Academia pueda controlar.


La inclusión real no debería exigirle a nadie que se traduzca o se adapte. Mientras la Academia siga celebrando la diversidad con una categoría nueva cada vez que un artista «distinto» toca la puerta principal, la inclusión seguirá siendo, en el mejor de los casos, una sala de espera con mejor decoración.



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