Alegría, fronteras y 13 minutos
- Val Hernández

- 8 feb
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Nadie es ilegal en tierra robada. Bad Bunny no dijo esas palabras durante el show de medio tiempo del Super Bowl, pero todo en la presentación lo hizo: las banderas, los idiomas, los cuerpos en el escenario, la negativa a centrar a una sola nación. Y aun así, la presentación se sintió un poco apresurada, comprimida, como si la alegría misma se hubiera quedado más tiempo del permitido.
Ninguna canción se interpretó completa. Ningún momento permaneció lo suficiente para ser asimilado. Justo cuando lo visual, el movimiento y el mensaje comenzaban a asentarse, ya había terminado. Sí, el show de medio tiempo del Super Bowl suele durar entre 12 y 15 minutos, y el de Benito duró alrededor de 13, lo cual técnicamente está dentro del rango, pero claramente en el extremo corto. Para todo lo que estaba cargando, no considero que fue suficiente tiempo. Ni para la música, y mucho menos para el mensaje. Cada decisión creativa en ese escenario fue un argumento.
“Nunca dejé de creer en mí y tú también deberías de creer en ti, vales más de lo que piensas”, compartió Benito en su introducción.
Muchos esperaban que Bad Bunny abriera con "La Mudanza", una canción explícitamente arraigada en la migración y el linaje. En cambio, comenzó con "Tití Me Preguntó", la canción que su audiencia en Estados Unidos reconoce principalmente. Construida alrededor de la familiar pregunta de la “tía” sobre asentarse, la canción conectó dos realidades culturales que a menudo se presentan como incompatibles, pero que en la práctica están profundamente alineadas. A partir de ahí, el giro hacia "Yo Perreo Sola" hizo la primera declaración clara de la noche: autonomía del cuerpo, de la identidad, de la presencia.

Algunos asumían que usaría un vestido, como en ese video musical, en honor a la visibilidad queer. No lo hizo. Pero esto no fue una ausencia de representación. Los bailarines se emparejaron abiertamente como WLW y MLM, sin espectáculo ni explicación. La decisión sugirió un cambio de énfasis: la inmigración y la permanencia en primer plano, sin abandonar la visibilidad queer ni la autonomía corporal. Dicho esto, hablemos de lo visual, que trazó una geografía muy deliberada, familiar para muchos barrios latinoamericanos: un platanal, su icónica casita, bodegas, postes de luz rotos. Vimos de todo y a todos —desde jíbaros con pavas hasta celebridades— sin jerarquía.
Me pareció interesante cómo Benito se mantuvo vestido completamente de blanco durante toda la presentación, mientras que sus bailarines (y los invitados) vestían tonos beige, marrones o, hacia el final del show, colores vibrantes. Leyendo sobre teoría del color, es posible que la intención fuera algo así: los colores neutros y apagados representan la tierra, el trabajo, un “antes” en la historia de alguien; luego, encuentran sus colores. Dejan de simplemente ocupar espacio, se liberan de la contención. Hay abundancia, visibilidad y una negativa a ser apagados. Es una presencia sin disculpas. Pero, de nuevo, justo cuando llegó el color… la presentación terminó.
“Baila sin miedo”, dijo Benito.
Me estoy adelantando, volvamos un poco atrás. Las apariciones especiales vinieron y se fueron casi demasiado rápido para procesarlas. Cardi B, Pedro Pascal, Young Miko y otros aparecieron en La Casita por segundos, tan brevemente que muchos espectadores tuvieron que buscarlos después. Pero esto no fue un fallo de ritmo; era el punto. El foco no estaba destinado a celebridades individuales, sino a una presencia colectiva a través de edad, nacionalidad y contexto. La interpretación en salsa de "Die With a Smile" por Lady Gaga fue uno de los momentos más destacados; no solo musicalmente, sino simbólicamente. Benito eligió compartir escenario con una artista estadounidense cuya propia historia familiar está marcada por la migración, aunque la migración europea rara vez se percibe con la misma sospecha u hostilidad. El contraste permaneció.

También tuvimos una aparición musical de Ricky Martin, quien cantó un fragmento bastante corto de "LO QUE LE PASÓ A HAWAii". Esperaba un poco más de esta canción por su potente mensaje, pero también entiendo que es un poco lenta para este tipo de show. Lo ÚNICO que no me gustó de la presentación fue Martin… lo siento, pero simplemente no encajó con su voz, se sintió forzado y doloroso — perdón, mamá, sé que AMAS a Menudo.
"NUEVAYoL" y una versión semi-electrónica de "CAFÉ CON RON" transformaron el escenario en un mapa en movimiento de la migración. La coreografía enfatizó tanto la circulación como la simetría, con bailarines entrando y saliendo junto a músicos en vivo, difuminando la línea entre intérprete y comunidad. Los cuerpos en el escenario reflejaban la idea central de la canción: identidad en movimiento. Esto no era Nueva York como destino, sino como proceso, construido por quienes llegan, se adaptan y permanecen. En una presentación que ya resistía las fronteras, el movimiento mismo se convirtió en el mensaje.
Lo curioso es que mientras Benito estaba sobre un poste de luz cantando "El Apagón" — una crítica a quienes imitan la cultura latina sin su sustancia (o, como él dice, “les falta sazón”)— se desarrollaba en paralelo un “All-American Halftime Show” en protesta por su presencia. Patrocinado por Turning Point USA, movimiento creado por el fallecido Charlie Kirk, este show alternativo presentó artistas cuyas figuras públicas se sostienen en la exclusión y la agresión. El contraste era inevitable.
Donde una presentación se aferraba a una versión cada vez más reducida de Estados Unidos, Bad Bunny seguía expandiéndolo más allá de fronteras, idiomas y banderas. Y sí, Benito interpretó todo completamente en español. Al final del día, es el idioma de su obra, de su audiencia, de su mundo. El único inglés que se escuchó en el escenario vino de Gaga, además del cierre, cuando dijo “God bless America”, solo para expandir inmediatamente la frase más allá de las fronteras estadounidenses, nombrando países de todo el continente y afirmando: “Y mi patria, Puerto Rico, seguimos aquí”. Mientras en la pantalla se leía “The only thing more powerful than hate is love”, bailarines llenaron el escenario con banderas de toda América. Si alguna vez In the Heights tiene una reimaginación, este show de medio tiempo debería estar en el centro de su moodboard.




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